¿Hacia dónde se dirigen las escuelas de desarrollo humano?

Durante los últimos 30 años se ha ido desarrollando, instalando y apreciando una corriente de desarrollo humano que hoy ha estado alcanzando su apogeo y, como todo apogeo, presenta luces y sombras que lo llevan inevitablemente a replantearse, cuestionarse y mirarse en profundidad para hacerse la pregunta: ¿quiénes somos y hacia dónde vamos? Me refiero al Coaching y todos sus “apellidos” y derivadas pues existe coaching para todo y para todos. Tal ha sido su explosión (producto de los potentes resultados en términos de aprendizaje humano) que hoy se encuentran todo tipo de formaciones como si fuera la profesión de moda y el negocio de moda a todo nivel: empresarial, desarrollo personal, de pareja, para padres, equipos, deportes, alimentación, bienestar…. ¡¡La lista es enorme!! ¿por qué? Porque el coaching es una tremenda herramienta para el logro de resultados (cuando el coach tiene una formación seria y con buenas competencias tanto técnicas como en términos de sus habilidades para vincularse con sus coachees) y los “resultados” son el elixir de nuestra sociedad hoy en día. No puedo evitar preguntarme hoy: ¿hacia dónde va el coaching, qué estamos haciendo con él, cuál es el verdadero sentido y propósito de esta disciplina y qué persiguen y buscan las escuelas que forman coaches? Tengo algunos años de recorrido en esta materia, trabajé en una escuela ontológica, fui mentora (tutora o supervisora) en los procesos de formación de coaches y habiéndome retirado, tomado distancia y continuando mi desarrollo a través de otras formaciones, hoy observo con inquietudes la deriva de esta disciplina y hacia dónde se dirige tanto su formación como su implementación en el mundo. Más aún, me pregunto si necesitamos hablar de coaching o de desarrollo humano, porque debo reconocer que la palabra coaching ya me parece estar manoseada, obsoleta, agotada, mal entendida, abusada y estereotipada. Tanto así que tiene apasionados seguidores y profundos detractores… y no los culpo: las sombras del coaching se hacen cada vez más evidentes y lo que es peor, las escuelas parecen estar haciendo un buen trabajo potenciando esas sombras: certificaciones online, cursos de un fin de semana (accesibles económicamente a veces pero insuficientes académicamente y en términos de profundidad en proceso personal), altos costos asociados a una seria formación que reduce las posibilidades a sólo una élite de la sociedad (más de 10.000 dólares para tener competencias “razonables” pues en realidad es sobre todo la experiencia el mejor y mayor recurso), escuelas que fomentan el comportamiento sectario haciendo que sus alumnos se mantengan continuamente en esa escuela en vez de fomentar la expansión y el desarrollo de otras posibilidades y nuevos aromas hacia otras instituciones formadoras; escuelas que no se hacen cargo de cómo sus alumnos certificados pueden insertarse en el mundo a generar y provocar cambios significativos y responsables: a lo menos el 90% de los coaches recién certificados no sabe cómo aplicar realmente lo aprendido pues se requiere “cancha” como decimos en Chile. ¿Y quién se hace cargo de contribuir con esa experiencia? Las sombras son enormes, pero nadie se refiere a ellas… y es en las sombras donde están las más exquisitas posibilidades de reinvención, de crecimiento, de reconexión con el sentido de esta disciplina y de otras, que finalmente tiene que ver con acompañar a las personas a desarrollar su potencial, a descubrir sus dones, a ampliar su capacidad de acción y sus grados de libertad (eso, a lo menos…), ¿pero para qué? ¿Para sí mismas solamente? ¡No! Esto es porque algo más grande pulsa y eso más grande es la sociedad.

Estamos en un momento y movimiento social tremendo: los niveles de resentimiento, de ira, de abuso, de violencia y de represión nos están impulsando a una transformación profunda, nos requiere hacer un movimiento de consciencia importante como personas y también nos convoca, o al menos me convoca a mí, a generar espacios que contribuyan de manera profunda, responsable y sustentable esa toma de consciencia y esa transformación. Por eso es que necesitamos mirar las sombras de todo este apogeo del desarrollo humano y regresar a la esencia pues ahí está el néctar, ahí está lo que nos convoca a quienes elegimos de manera auténtica y genuina la formación de coaching o de cualquier otra línea de desarrollo humano que para mí se traduce en 3 aspectos fundamentales: alumbrardespertar cultivar. Necesitamos con urgencia poner luz donde está sombrío, necesitamos devolverle a la sociedad la luz de esperanza, a eso me refiero con alumbrar… no necesitamos iluminarnos ni iluminar a otros, no caigamos en esa arrogancia… no nos creamos gurúes ni salvadores… basta con alumbrar un espacio para que exista la posibilidad de despertar aquello que se encuentra dormido o sometido dentro de cada ser humano y dentro de nosotros mismos.Despertar nuestros dones, los dones, las virtudes y la fuerza de toda una sociedad que ha sido sometida y se encuentra dormida, tan dormida que no somos capaces de sostener una mirada amorosa. Tan dormida y sometida que terminamos quemando a una mujer en la micro o matando por un mísero puñado de dinero o violando porque estamos tan profundamente heridos y dañados por dentro que la única forma de procesarlo es dañando a otro. Tan sometida y reprimida que no somos capaces de expresarnos libremente sin ser aplastados por la crítica y el rechazo. Si no alumbramos y si no despertamos, no podremos cultivar… y la cultura es precisamente el aprender a cultivar: cultivar nuestro propio ser, nuestras relaciones, nuestra familia, nuestras amistades, nuestro trabajo, nuestro hogar, nuestro entorno. No tenemos idea de cómo ser agricultores de la vida…. Lo olvidamos y necesitamos recuperarlo. Y digo necesitamos porque no son “los” violadores, “los” asesinos, “los” abusadores… somos todos y si no lo vemos así, no habrá forma de cambiarlo. Este es el llamado urgente y creo que las escuelas de formación y desarrollo humano/espiritual tienen la responsabilidad de tomar este llamado no sólo desde su discurso sino desde la raíz de sus acciones, apuntando a una masa crítica de personas que puedan convertirse en agricultores de la vida. Estableciendo bases en su formación que apunten a pilares sociales y culturales. No podemos seguir perpetuando el elitismo de la educación cuando nosotros mismos sabemos por experiencia todas sus falencias, debemos ser capaces de generar programas al alcance económico de una masa crítica. No podemos seguir con el comportamiento sectario, necesitamos ampliar y colaborar, que las escuelas se colaboren, se intercambien y abran sus puertas sin competencia a sus alumnos porque el propósito es social, no es individual. Hago un llamado a las escuelas y a quienes han tomado formaciones de desarrollo humano, tanto los que lo han hecho para su propio proceso personal como aquellos que lo desarrollan profesionalmente, que se detengan a mirar sus sombras, que miren dónde están alumbrando y cómo están alumbrando(se), qué están despertando en sí mismos, cómo acompañan el despertar de otros, y cómo es que están cultivando o qué no están cultivando. Hago un llamado a mirar auténticamente el propósito real de lo que estamos haciendo y si co-incidecon lo que estamos haciendo y ofreciendo al mundo. Yo misma me he disparado en el pie y por eso escribo todo esto y me encuentro ahora creando nuevas posibilidades. Hago un llamado a quienes aún no se han formado pero tienen ganas de explorar, que ante todo revisen su intención y su propósito de formación y desarrollo: ¿en qué quieres contribuir?, ¿cuál va a ser tu aporte? (y ojo que no tiene que ver con cantidad o tamaño sino con la autenticidad y calidad), ¿para qué quieres desarrollarte? Pues esto ya no se trata del cambio y la transformación… esto se trata de nuestra trascendenciay evolución de consciencia. ¿En qué página estás tú?

Escrito por: Helaine De Grange