Del miedo a Morir al coraje de Vivir…

En este primer espacio y acercamiento que estamos teniendo me encantaría contarte cómo nace “Libre, Salvaje y Sabia”, a qué nos convoca e impulsa y cómo es que este nombre tomó cuerpo, energía y sentido para ser hoy un espacio de autoconocimiento, desarrollo y trascendencia.

¿Qué es lo primero que sientes cuando lees esas 3 palabras?, ¿En qué te hace pensar, hacia dónde te llevan o qué imágenes te aparecen? Será posible que te intrigue, que te llamen la atención, que te den ganas de saber más… ¿Cuál de esas 3 palabras se roba tu atención: libre, salvaje o sabia? Puedes hacer el ejercicio de responder estas preguntas y ver qué aparece pues todo eso que descubras es información valiosa de tu alma para el camino que transitas hoy y el lugar hacia donde te diriges, lo sepas o no con claridad.

En el transcurso de mis propios procesos de desarrollo personal, en mis noches oscuras del alma, acompañando a cientos de personas en sus propios caminos, dolores y sueños así como también investigando y leyendo a divers@s autores sobre el viaje épico de nuestra alma en búsqueda de respuestas, sentido y nuevos destinos, descubrí que existen tres fenómenos esenciales que atravesamos los seres humanos en nuestra vida y no sólo una vez sino muchas, de manera iterativa en función de los procesos que vivimos. Sentirlos, experimentarlos, atravesarlos y llegar a una profunda comprensión de éstos en nuestras células y conciencia nos permite acceder a un genuino entendimiento de la vida, de nuestras relaciones, de nuestro Ser y entorno, que de otra forma sólo pasa transparentemente o queda supeditado a una comprensión mental sin necesariamente poder experimentar plenitud y gozo. Estos 3 fenómenos son la libertad, la autenticidad y la sabiduría. Voy a referirme a cada uno para comprender un poquito por qué nuestra naturaleza es libre, salvaje y sabia.

¿Qué es para ti LIBERTAD? Y esta es una pregunta importante… primero porque ninguna definición de libertad es única, estática y estándar. Para algunas personas la libertad es hacer lo que deseen con todo el tiempo del mundo. Para otros, puede significar contemplar una puesta de sol, dejar de trabajar, ser feliz, sentir en el pecho un gran espacio expansivo que lo llena de coraje para tomar la vida que añora en sus manos y arriesgarse a vivirla intensamente… en fin… cada definición e interpretación es legítima. Para mí, la libertad tiene que ver con la posibilidad de elegir y decidir conscientemente. Si nos detenemos a mirar nuestras vidas y cómo hemos crecido podremos constatar que hay cosas o situaciones que nosotros nunca “decidimos por nosotros mismos”, que algunos sueños pudieron haber sido frustrados, que poseemos rasgos de nuestro carácter que ni siquiera sabemos cómo los adquirimos, simplemente “somos eso”. Algunos aspectos incluso pueden ser muy muy inconscientes y esos son los más peligrosos pues son los que nos tienen presos en nuestra vida: creencias profundas que nos limitan a abrir nuestras alas y volar, arriesgar, atrevernos a vivir nuestros sueños en vez de que otros los sueñen por nosotros (como cuando nuestros padres, jefes, amigos u otros tienen expectativas sobre nosotros y nos esforzamos por complacerlas sin siquiera preguntarnos si eso es realmente lo que deseamos y nos hace bien). Nuestro inconsciente es tremendamente inteligente y tiene una cantidad de información nuestra que no podemos llegar a imaginar y al no tener consciencia sobre él, nos convertimos en presa y presos… No me extenderé mucho más porque este fenómeno da para largas páginas, pero sí quisiera comentar que sentir un estado interno de libertad es crucial para nuestra vida, bienestar y desarrollo humano y espiritual. Y cuando me refiero a libertad no hago referencia a llegar a tener algo para entonces ser libre, sino a encontrar y conquistar ese lugar interno desde el cual podemos vivir EN libertad decidiendo a consciencia cada paso y camino a seguir. Somos más libres cuando nos llegamos a conocer en profundidad, cuando soltamos y nos soltamos de viejas pieles y creencias que sólo nos retienen y encadenan en viejas historias y cuentos que nos seguimos contando para no ser felices (o para seguir convenciéndonos de que somos felices cuando en realidad en el fondo existe un profundo y oculto dolor, resentimiento o tristeza). En este camino hacia la libertad es que resulta indispensable alumbrar nuestros puntos ciegos, poner luz donde no vemos o donde es oscuro y así llegar a ver nuestra cárcel que puede verse muy monona y linda o muy fea y apestosa… no importa cómo es, importa si nos tiene presos y si nos limita en nuestro camino.

En esa toma de consciencia de todo aquello que nos limita y aprisiona, de esas cadenas disfrazadas de suaves pañuelos de seda entonces es que surge la posibilidad de vernos a nosotros mismos de una manera genuina, verdadera… ¿Quién eres realmente tú? Y esta es otra pregunta muy importante… ¿Eres lo que has construido en tu historia?, ¿Eres lo que crees tú de ti mism@?, ¿Eres lo que otros creen y ven de ti? Es probable que al responder esta pregunta en automático y de manera espontánea aparezca todo aquello que ves y sabes de ti, pero no necesariamente aquello que NO ves, así como tampoco aparecerá aquello que ha sido adormecido durante años y años producto de una cultura que ha castigado y acallado nuestros instintos y deseos profundos para poder “sobre-vivir”. Una cultura heteronormada y patriarcal donde los roles se han magnificado y la esencia natural no tiene cabida alguna para manifestarse. Una cultura exitista y competitiva en la que se celebran sólo las “luces” y los rasgos catalogados socialmente como aceptados, validados y bien vistos (y digo luces entre comillas porque ni siquiera son necesariamente luces las que aparecen sino sombras disfrazadas con traje de luces LED por decirlo de alguna manera). En el camino de nuestro desarrollo, aprendizaje y evolución, alumbrar nuestra cárcel y encontrar libertad nos lleva ineludiblemente a mirar crudamente nuestra esencia y en ese proceso nos encontramos con lo dulce y agraz, con nuestras sombras más profundas, y en ellas podemos descubrir nuestras verdaderas luces. A nuestra verdadera luz es a lo que yo llamo AUTENTICIDAD (el segundo fenómeno). Tener la posibilidad de llegar a conocernos auténticamente nos abre el camino a reconectar y recordar nuestros instintos y deseos genuinos, a vernos en todo nuestro potencial… en un potencial que puede ser una energía caótica y destructiva a la vez que inmensamente creativa. Mirarnos auténticamente nos lleva a sacarnos las máscaras sociales para pisar el mundo desde quienes realmente somos, al desnudo… y esa desnudez no aterra porque nos hace vulnerables y susceptibles de ser dañados y juzgados… sí, da miedo… pero la pregunta es: ¿estoy dispuest@ a seguir mintiéndome, negándome, reprimiéndome? Nuestra verdadera naturaleza es Salvaje, es instintiva, es primitiva, es de tacto, es expresiva, es corporal, es AUTÉNTICA y lleva muchos años gritando a través del cuerpo y enfermedades, eventos difíciles, rupturas y duelos importantes para poder ser escuchada y volver a ocupar su lugar dignamente. Naturaleza tiene su raíz latina “natura” que viene de “nasci” y significa “nacer”: ¿y acaso nacemos con roles y etiquetas?, ¿quién nos etiqueta? Entonces te pregunto: ¿dónde está tu naturaleza salvaje?, ¿cómo es?

Es preciso alumbrar el camino para que desde nuestra libertad podamos decidir mirar en profundidad nuestra verdadera esencia. Hacer un descenso a esas profundidades del Ser para reconocer en las sombras nuestros aspectos olvidados, renegados, reprimidos, anestesiados, y entonces despertar nuestros dones, virtudes y poder.

Al despertar, comprendemos nuestras heridas y nuestro propósito cual flor de loto abriéndose sobre el fango. Lo sentimos en el cuerpo, nos reconocemos y reconocemos al mundo, se despierta también un profundo amor interno y capacidad para conectar con la bondad y la compasión… Ese es nuestro sanador herido que está listo para aparecer en el mundo desde su esencia: esa esencia que también es por naturaleza SABIA. Este es el tercer fenómeno de todo viaje transformador, de todo crecimiento, de todo desarrollo: cultivar nuestra sabiduría para convertirnos en agricultores de la vida, recuperando la capacidad para cultivar vínculos tanto con nosotros mismos como con todo nuestro entorno de una manera equilibrada, conectada, amorosa, bondadosa y generosa. Sólo con sabiduría (no conocimiento que de eso podemos tener suficiente y sin embargo carecer de una sabiduría profunda para vivir) podemos percibir y capturar los matices de la vida sin juicios y con apertura a la belleza de todo lo que nos rodea y somos. De esta manera es que construimos cultura: aprendiendo a cultivar y cultivarnos. Hemos olvidado cómo ser libres, hemos olvidado nuestra naturaleza salvaje y de ahí nuestra vida con caretas, etiquetas y roles que nos aleja de nuestra genuina autenticidad, y hemos olvidado que en nuestro ser más auténtico y libre habita toda nuestra sabiduría como especie, como personas, como tribu, con una inteligencia integral y colectiva sin igual.

La duda y el miedo son los terroristas de nuestra libertad, de nuestra autenticidad y de nuestra sabiduría: tememos decepcionar, tememos volar, tememos dejar de complacer, tememos mostrar nuestros sentimientos verdaderos, nuestros dolores y heridas, tememos morir pero en realidad es porque tememos vivir libremente… y podemos morder el polvo cien veces hasta que nos decidamos a mirar dentro, a mirar quién realmente somos y decidirnos a encontrar el coraje para vivir con libertad, autenticidad y sabiduría.

Libre, Salvaje y Sabia nace producto de todas estas significativas experiencias, de dolor y de alegría, de muerte y de entendimiento de nuestra condición humana, frágil, desnuda, sensible, tirana, devastadora, impune, cruel y también compasiva, generosa, completa… de esa dualidad observada en la que transitamos con el fin consciente (y muchas veces inconsciente) de encontrar una dicha plena en nuestra vida, con sentido, fuerza vital y gozo. Quisimos crear Libre, Salvaje y Sabia para abrirte un espacio en el que junt@s alumbremos, despertemos y cultivemos nuestra naturaleza libre, indómita y sabia al servicio de todo aquello que forma parte de nuestra vida como una posibilidad de transformación interna, pero sobre todo de TRASCENDENCIA.

Escrito por: Helaine De Grange